lunes, 20 de junio de 2011

Estas observaciones proporcionan, por primera vez, pruebas inequívocas de la propagación rapidísima sobre la superficie solar, como si se tratara de u


Es el primer vuelo transoceánico que se va a realizar de estas características. Hasta ahora, las pruebas con biocarburantes se limitaban a uno de los motores de las aeronaves. El resto eran alimentados al 100% con queroseno. El avión tiene previsto aterrizar el lunes en el aeropuerto que acoge el salón. Al mando del carguero estarán dos pilotos de Boeing y uno de Cargolux.

El B747-8 Carguero va propulsado por cuatro motores GEnx-2B del conglomerado General Electric, alimentados por una mezcla del 15% de camelina y un 85% de queroseno tradicional. La distancia del viaje será de 8.029 kilómetros. Elizabeth Lund, responsable del programa, explica que el vuelo representa "un gran impulso a los esfuerzos de la aviación por reducir las emisiones de CO2".

También es un paso en el ámbito de la eficiencia energética, algo a lo que las aerolíneas están prestando mucha atención para reducir los costes derivados del alza del petróleo y reducir el impacto medioambiental de sus operaciones. Los ingenieros de Boeing explican que el aparato no tuvo que ser sometido a modificación alguna y el vuelo seguirá "los parámetros habituales".

Desde Boeing aseguran que el biocombustible que dará vida a los cuatro motores del Jumbo proviene de fuentes vegetales "que no están en competencia con productos de la cadena alimentaria". La camelia -se planta en rotación con el trigo seco- que se usará en la mezcla se cultivó en Montana y fue procesada por Honeywell. El reto es dar con la fórmula para producirlo a gran escala.

Las demostraciones de la industria con biocarburantes no se concentran solo a la aviación comercial. El año pasado, el presidente Barack Obama pronunció un discurso para promocionar esta fuente energética renovable con un cazabombardero F-18 de la Navy a sus espaldas, que usaba una mezcla al 50% de queroseno y combustible vegetal. Al aparato se le bautizó como el Green Hornet.

El causante, según un equipo de investigadores que publican su trabajo en la revista Science, es un agujero negro masivo que ha destrozado una estrell


Estas observaciones proporcionan, por primera vez, pruebas inequívocas de la propagación rapidísima sobre la superficie solar, como si se tratara de un dominó, de unas «olas» que están relacionadas con las tormentas solares. Los científicos consideran que este movimiento es responsable de muchos y enigmáticos procesos, como el calentamiento de la superficie del Sol a millones de grados o la aceleración del viento solar, fenómenos que pueden tener profundas consecuencias para la Tierra y el espacio más cercano. El hallazgo, realizado por investigadores de la Universidad de Stanford en Palo Alto (California) y la compañía Lockheed Martin, ha sido presentado en un encuentro de la Sociedad Astronómica Americana y será publicado en la revista The Astrophysical Journal Letters.

Su velocidad es tan endiablada que, si pudiéramos surfear una de estas olas de fuego, seríamos capaces de ir a la Luna y regresar unas 16 veces. Hasta ahora, los científicos sabían que el plasma caliente produce un «efecto dominó», al igual que aparecen ondas en el agua cuando se tira una piedra. Las simulaciones computacionales, modelos y teorías especulaban cómo ocurría, pero nunca había sido posible observar estas ondas directamente. Simplemente porque los telescopios no eran lo suficientemente rápidos. La sonda SDO nos lo ha mostrado por primera vez.

16 «TIERRAS» APILADAS

«Es la alta resolución temporal y espacial de los instrumentos del SDO lo que nos ha permitido ver con claridad este fenómeno por primera vez», explica el investigador Wei Liu, responsable del estudio. Las ondas son sucesivas, similares a las ondulaciones del agua, y emanan del núcleo cerca de una eyección de masa coronal. Después, se propagan. Sus velocidades alcanzan los 1.000 y 2.000 kilómetros por segundo en períodos de 30 a 200 segundos y con unas longitudes de onda de 100.000 a 200.000 kilómetros, que equivale a apilar de ocho a 16 «Tierras» una encima de otra. «Parece un fenómeno común -explica el físico Karel Schrijver, del Laboratorio Solar y de Astrofísica-; durante el primer año de la misión SDO, a pesar de que el Sol estaba relativamente tranquilo, vimos una docena de estas ondas». Aunque el mecanismo que las desencadena todavía resulta un misterio, «parecen estar relacionadas con las llamaradas solares».

Los científicos consideran que estas observaciones tienen un gran peso, ya que les permiten ser testigos de procesos que antes desconocían. De esta forma, podrán entender mejor las tormentas solares y el comportamiento del Sol, algo que puede ser fundamental para la supervivencia de la Tierra.

Observan cómo un agujero negro devora una estrella


El causante, según un equipo de investigadores que publican su trabajo en la revista Science, es un agujero negro masivo que ha destrozado una estrella cercana. «Disparó» un rayo de energía tan poderoso que incluso ha podido ser detectado desde la Tierra. La emisión duró mucho más que cualquier otro fenómeno similar observado antes y fue aproximadamente cien veces más brillante que cualquier galaxia activa conocida.

Según explican los astrónomos de la Universidad de Warwick (Reino Unido), responsables de la investigación, la poderosa emisión de rayos X y rayos gamma (llamada GRB, por las siglas en inglés de Gamma Ray Burst) se mantuvo a un nivel extremadamente brillante una semana después de producirse. Incluso se observaron destellos fulgurantes, provocados por los trozos de la pobre estrella devorada que caían sin remedio en el interior del agujero negro.

HACIA LA VÍA LÁCTEA

El brillo extremo de este evento -conocido ahora como 1644 Sw 57-viene del hecho de que iluminó solo una pequeña parte del cielo, apuntando con un chorro de luz hacia la Vía Láctea, por lo que se ha detectado en la Tierra 3.800 millones de años después de que la estrella fuera aniquilada. «A pesar de su enorme poder, solo hemos sido capaces de ver este cataclismo porque nuestro Sistema Solar estaba en el lugar adecuado frente al chorro de energía», explica Andrew Levan, autor principal del estudio.

Por sus características únicas, los investigadores creen que este desastre cósmico puede arrojar luz sobre la naturaleza de los grandes agujeros negros y los procesos por los cuales se forman las galaxias. El origen de los GRB es uno de los grandes misterios a los que se enfrenta actualmente la Cosmología.

Observan cómo un agujero negro devora una estrella