jueves, 16 de diciembre de 2010

La NASA busca obtener el negro más puro del Universo

En definitiva, quieren un cosmos de un negro purísimo. El nuevo ingenio está basado nanotubos de carbono, desarrollados en el Centro de Vuelo Espacial Goddard, que pueden absorber toda esa luz "de descarte" que interfiere con las lecturas y las mediciones en diferentes tipos de instrumentos.

La estrella más cercana a nosotros después de nuestro propio Sol es Próxima Centauri, una vecina ubicada a apenas 4,2 años luz de distancia. La ironía es que, a pesar de encontrarse tan cerca, es imposible observarla a simple vista. Si la estrella más cercana se logra escabullir ante nuestros ojos, imagínense todo lo que nos estamos perdiendo allá afuera. Por esta razón, algunas de las noticias que suelen rodear a la NASA (con la excepción del bombazo de arsénico que arrojaron el otro día) tratan sobre el mayor poder de detección y captura de luz para objetos distantes.

ABSORBER LA LUZ

En esta ocasión, sin embargo, buscan exactamente el efecto contrario. No quieren detectar más luz, sino absorber aquella que no es de utilidad e interfiere con imágenes e instrumentos. En el Centro de Vuelo Espacial Goddard parecen haber encontrado la respuesta en un material que no nos es del todo desconocido: nanotubos de carbono.

Si bien la falta de luz puede dar problemas en ciertas situaciones, el exceso de ella causa un efecto similar. En la NASA hablan de "contaminación de luz" provocada por fotones rebeldes que no son absorbidos, y los diseñadores de instrumentos recurren a pintura negra para reducir los efectos. Sin embargo, los nanotubos de carbono diez mil veces más delgados que un cabello humano, pueden absorber el 99.5 por ciento de la luz que los impacta.

El trabajo de investigación y desarrollo comenzó en el año 2007, pero en 2008 un equipo de investigadores del Instituto Politécnico Rensselaer anunció que habían creado el nanotubo de carbono más oscuro jamás hecho, tres veces más que el mejor hasta ese entonces. De acuerdo a John Hagopian, líder de investigación del proyecto en Goddard, los nanotubos que han creado no serían tan oscuros como el obtenido por el equipo de Rensselaer, pero son diez veces más oscuros que la mejor pintura negra utilizada por la NASA, y además contarían con la robustez necesaria para su operación en el espacio, donde serían expuestos al frío y la radiación.

EN LOS FUTUROS TELESCOPIOS

Además de simplificar el diseño de los instrumentos, los nanotubos de carbono tienen el potencial de ofrecer a los investigadores mediciones de una calidad muy superior. Aunque todavía falta mucho para que puedan ponerse a prueba en el espacio, el equipo del Centro Goddard está trabajando con la gente del proyecto ORCA (Ocean Radiometer for Carbon Assessment), para su aplicación en sensores oceánicos. Por supuesto, donde más esperamos ver a esta tecnología es en los telescopios del futuro, los cuales prometen mayor resolución y mayor calidad de imagen. Después de todo, para poder ver algo con claridad, debe emitir luz suficiente, pero tampoco tiene que ser demasiado brillante.

Una luna pudo crear los anillos de Saturno


El sistema de anillos de Saturno es único. Su origen es un misterio, pues nadie ha logrado explicar por qué los millones de trozos de hielo que los forman están compuestos de agua hasta en un 95%, una pureza inusitada.

Las dos teorías dominantes no logran explicar en detalle cómo se formaron estos discos, que juntos formarían un satélite de unos 500 kilómetros de diámetro, según explican Aurélien Crida y Sébastien Charnoz, astrónomos del Centro Nacional de Investigación Científica de Francia.

La primera hipótesis sostiene que los discos de hielo son restos de una antigua luna que pudo reventar hace millones de años. Saturno tiene 61 lunas, entre ellas Titán, que tiene atmósfera propia. La segunda opción sería que los anillos sean escombros de la formación del propio planeta.

Ahora, una nueva teoría enriquece la primera hipótesis. Su autora es Robin Canup, una astrofísica delSouthwest Research Institute (EE.UU.) que ha desarrollado un nuevo modelo informático capaz de explicar cómo se formaron los anillos.

UN TITÁN EXTINTO

Su teoría se basa en la fuerza gravitacional que ejerce Saturno. El influjo es similar al que tiene la Luna sobre las mareas en la Tierra.

Según Canup, todo comenzó cuando un satélite del tamaño de Titán, cuyo diámetro es la mitad que el de la Tierra, entró en el campo gravitacional de Saturno y comenzó a girar en torno suyo, en una zona que entonces estaba ocupada por un cinturón de gas.

El empuje comenzó a desnudar a esa luna del grueso manto helado del que estaba cubierta hasta dejar visible su núcleo de silicatos. Este continuó su avance hacia Saturno hasta que quedó sepultado dentro de su densa atmósfera de gas.

"El modelo de Canup ofrece por primera vez un punto de partida convincente para explicar el origen de los anillos", opinan Crida y Charnoz en un comentario publicado junto al estudio original. Apuntan que ahora queda explorar cómo otros satélites y lunas se han ido formando en las afueras de los anillos para después migrar hacia el interior del sistema.

La nave 'Voyager 1' llega a los confines del Sistema Solar, donde se detiene el viento de la estrella


Los científicos que aún siguen pendientes de la misión afirman que se trata de un hito en su trayectoria, camino de salir definitivamente del Sistema Solar, dentro de unos cuatro años. La nave de la NASA viaja a una velocidad de 61.000 kilómetros por hora. "El viento solar ha doblado la esquina, la Voyager 1 se acerca al espacio interestelar", ha comentado Ed Stone, veterano científico del Instituto de Tecnología de California (Caltech) y científico jefe de la misión Voyager.

El Sol emite un flujo de partículas cargadas que forman una burbuja envolvente alrededor del Sistema Solar; se llama heliosfera Es un gas caliente de partículas cargadas que viaja a velocidades supersónicas hasta que llega a una zona de onda de choque a partir de la cual se ralentiza y se calienta en la heliopausa. La Voyager 1 entró en esa región en diciembre de 2004, informa la NASA. Los científicos han seguido pendientes de las mediciones de los instrumentos de a bordo y han podido medir la velocidad del viento solar: cuando la velocidad de las partículas cargadas que impactan en la cara frontal de la nave es igual a la velocidad de la nave saben que la velocidad del viento es cero. Esto se registró el pasado junio, pero los investigadores han seguido tomando datos durante cuatro meses porque estas velocidades pueden fluctuar. Ahora han presentado los nuevos datos concluyentes de la misión en una reunión de la American Geophysical Union que se celebra en San Francisco.

La entrada de la Voyager 1 en el espacio interestelar se apreciará en los registros por una caída repentina de la densidad de partículas cargadas calientes a la vez que aumentará la densidad de partículas frías. Los científicos están utilizando modelos de la estructura del Sistema Solar para determinar cuándo cruzará la nave esa frontera, pero sus estimaciones actuales indican que será en 2014.

La Voyager 1 fue lanzada al espacio el 5 de septiembre de 1977, mientras que su gemela, la Voyager 2, había salido unos días antes, el 20 de agosto del mismo año. Esta segunda nave está actualmente a 14.162 millones de kilómetros del Sol. Las dos sondas han seguido trayectorias diferentes a velocidades diferentes, y la Voyager 1 va más deprisa, así que pasarán unos años antes de que su gemela alcance la misma región del Sistema Solar y registre el mismo tipo de fenómenos.

GIGANTESCAS EXPLOSIONES EN CADENA CAUSAN LOS TSUNAMIS SOLARES


Astrónomos de la NASA han descubierto que las

tormentas solares se producen en cadena, a una escala extraordinaria, y pueden envolver toda la superficie del Sol gracias a unos enormes hilos magnéticos que se extienden a través de cientos de miles de kilómetros. El hallazgo ha sido presentado en un encuentro de la Unión Geofísica Americana.


A comienzos de agosto, el laboratorio solar de la NASA Solar Dinamycs Observatory (SDO) y su sonda gemela STEREO detectaron lo que se conoce como un tsunami solar, una explosión masiva que alcanzó la clase C3 y que iba dirigida hacia la Tierra. Todo un hemisferio del Sol estalló, enviando ondas de choque a través de su superficie y nubes gigantes de gas caliente al espacio. Apenas dos tercios del evento pudieron ser visibles desde la Tierra, pero las naves espaciales capturaron todo lo ocurrido desde puntos de vista complementarios.