
Ha vuelto a suceder. Fue el pasado 8 de octubre y sobre los cielos de Indonesia. Un pequeño asteroide de diez metros de diámetro que ningún instrumento había sido capaz de detectar se precipitó contra la Tierra, detonó al entrar en la atmósfera, a unos 20 km de altura, y provocó una explosión de 50 kilotones, tres veces más potente que la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima.
Se trata de la mayor explosión de un asteroide registrada hasta la fecha. Si la roca hubiera sido sólo un poco más grande, sus efectos habrían sido devastadores.
El episodio, observado por numerosas personas, grabado en vídeo y emitido justo en el momento en que el gobierno norteamericano estudia la mejor manera de hacer frente a esta enorme amenaza que son estos meteoritos espaciales. Una amenaza real, comparada con la explosión de hace solo 2 semanas que sacudió South Sulawesi, en Indonesia, que expulso una energía equivalente a 50.000 toneladas de TNT.

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